26 de abril de 2017

Cremoso de café al licor Güela Manuela

Éste cremoso de café tiene la dulzura y la textura perfecta, de hecho te recordará a las copas de chocolate y nata que venden en los supermercados; gelatinosas y delicadas abajo, aireadas por arriba.
Si lo pruebas verás que es adictivo, y es que está realmente bueno. 

Además, aderezado con un chorro de un licor de leche de vacas de León como el Güela Manuela, el resultado es sencillamente inmejorable.

No saben a ciencia cierta en que fecha la abuela Manuela empezó a macerar el suero que separaba de la leche que sobraba de las vacas de su casa con alcohol y algún que otro ingrediente secreto de la familia, pero desde entonces se ha dado éste estimulante, suave y glorioso licor de leche.

No solo para hacer éste postre, que te comerás a cucharadas... Se puede utilizar para decorar bizcochos o rellenar tartas y pasteles y en todos ellos estará delicioso.

¡Espero que os guste!






(4 Uds)
INGREDIENTES:

- 2 Cdas de café soluble intenso
- 20 ml de agua
- 1/2 Hoja de gelatina neutra (Cola de pescado)
- 200 g de leche condensada
- 200 ml de nata para montar
- 10 ml de licor Güela Manuela
- 4 Minigofres de caramelo



PREPARACIÓN:

Primeramente sumergimos en agua la gelatina cola de pescado, para que tenga una consistencia manejable a la hora de usarlo. 

En un vaso, disponemos el agua que debe estar hirviendo, y añadimos el café soluble intenso, mezclamos bien.

En un recipiente, disponemos los 200 g de leche condensada, o lo que es lo mismo, media lata de las pequeñas.

Agregamos el licor de leche que le aportará un suave y agradable sabor.

Agregamos también el café que acabamos de hacer.

Con ayuda de unas varillas, mezclamos para que todos los ingredientes se integren.

Agregamos por último la gelatina ya remojada, y mezclamos con las varillas hasta que ésta se disuelva por toda la preparación.

Disponemos la nata en el robot de cocina con las varillas de montar y lo batimos hasta que tenga una consistencia como ésta. Podemos añadir más azúcar a la hora de montar la nata, pero para mi gusto con la que nos aporta la leche condensada es más que suficiente.
Agregamos la nata sobre nuestra preparación.

Y con ayuda de una lengua de cocina, con movimientos envolventes de arriba a abajo, mezclamos.

Entonces, vertemos en una cazuela y llevamos al fuego, sin parar de remover durante 4 minutos.
En éste paso conseguiremos que la crema obtenga cuerpo, y que se forme una gran capa de espuma.
Vertemos en los vasos donde vayamos a servirlos.

Aquí se observa mejor las dos partes de este postre: El cremoso y la espuma de café.

Dejamos enfriar y cubrimos con papel film.
Metemos en la nevera durante 6 horas como mínimo.

 Pasado el tiempo, la espuma se verá así. Terminamos colocando un minigofre de caramelo en la superficie, que le dará el toque crujiente.
Éste es el resultado final de nuestro cremoso de café.

Y así es como se ven las dos texturas, como si fuera una copa de chocolate.
¡Qué aproveche!



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22 de abril de 2017

Cachelos de Lauri

Desde que éramos pequeños siempre hemos tenido vacaciones de verano. Con mis tíos y mis primas, a la calmada agua del Mediterráneo, o hacia el sur, todos los años teníamos ésta salida a principios de Septiembre, cuando el trabajo de mi padre lo permitía.
Recuerdo que hubo un año en que bajamos solos, mis padres mis hermanos y yo, al tan afamado como abarrotado de gente Benidorm, al apartamento de alquiler más pequeño y alejado del centro de la ciudad que había, pero eso sí, con una inmensa piscina.
Las mañanas las pasábamos en la playa, y al volver al apartamento a la hora de comer, un día nos topamos con un asador de pollos de esos míticos en los que dan vueltas y vueltas y cada vez mejor aspecto tienen los pollos, dorados, crujientes y súper jugosos por dentro debido a los mil baños de jugo que le dan. Cogimos un par y como acompañamiento patatas. Pero no las típicas patatas que suelen dar (al menos por aquí) de bolsa congeladas y fritas al momento, si no unas patatas medianas enteras, cubiertas en papel de aluminio, con un sabor a brasa increíble.
Era la primera vez que las probábamos, así que mi madre ya en el apartamento las peló, las cortó en rodajas y las puso en un plato. Las saló, les echó pimentón y bien de AOVE por encima.
Más sencillo y posible, y más rico tampoco... De hecho en aquellas vacaciones hubo más días que paramos en el asador de pollos sólo para coger las patatas y que mi madre nos las preparara así, y tras el paso de los años, ésta manera de hacer las patatas, que ahora hacíamos en verano en casa (aunque cociéndolas) se pasaron a llamar "Cachelos de Lauri".
¡Espero que os guste!


Ésta es mi aportación al reto:

En el reto Color y sabor de temporada Pilar Monge es la encargada de seleccionar una fruta y una verdura de temporada, que es la qué está en su época de recolección y es su mejor época de consumo ya que se aprovechan al 100% sus cualidades organolépticas. Además es cuando más fáciles son de encontrar los productos, y salen más económicos.
Entonces, todos los participantes elegimos entre una de ellas, y hacemos una nueva receta dulce o salada.
Éste mes se nos dió a elegir:
- Fruta: Papaya
- Verdura: Patatas

En ésta ocasión tuve claro desde un primer momento que iba a escoger la verdura, las patatas, aparte de por lo socorridas que son, por que la papaya no es muy de mi agrado.





INGREDIENTES:

- 2 Patatas medianas
- Sal
- C/s de Pimentón picante
- 1 Cda de pimentón dulce
- 15 ml de AOVE



PREPARACIÓN:

Como os digo, a partir de entonces cambiamos la base de las patatas y siempre las cocíamos, por que no siempre se puede encender una brasa para hacerlas.
En éste caso, yo para probarlas de una nueva manera, en vez de cocerlas sumerjidas en agua durante 20 minutos, las puse en mi vaporera, con un chorro de agua en la parte de abajo y par de pinchazos en cada una, para que se hicieran bien por dentro y no estallaran.
Las metí tapadas en el microondas a potencia máxima durante 10 minutos.
Una vez estaban hechas las dejamos reposar para que enfriaran un poquito, y con ayuda de un cuchillo, les retiramos la piel.

Las cortamos en rodajas, de poco menos de 1 cm de grosor.
Las disponemos en el plato donde vayamos a servirlas, colocándo una rodaja superpuesta a la siguiente, tal y como se ve en la foto.

Salamos al gusto.

Añadimos el pimentón picante, que le aportará un toque a las patatas.

Y por último el pimentón.

Aliñamos con el AOVE.

Éste es el resultado final de nuestros cachelos al estilo de Lauri, mi madre.

Un plato tan socorrido como rico, ya lo veréis.
¡Qué aproveche!



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20 de abril de 2017

Soufflé de queso

El soufflé es una de las preparaciones más asombrosas de la historia. 
Y es que son dos preparaciones en una: una salsa bechamel condimentada a la que se le añaden yemas para aportarle cremosidad, y claras montadas a punto de nieve  que harán que tras la cocción al horno, se suba, se aireé, se hinche. De hecho, el término soufflé es un participio del verbo en francés "souffler" que  quiere decir `soplar´.
Existen dos tipos de soufflés, los salados, hechos con salmón, con verduras tales como el brócoli, o con queso, como es el caso, o dulces; servidos como postres, de frutas, chocolate o flambeados con distintos licores. 
Sean como sean, todos ellos son un deleite para el paladar. 
Con su creación en los grandes restaurantes de la Belle Èpoque y tras su éxito, ha ido desapareciendo de las cartas, y es que además de necesitarse una mano experta para su elaboración, por que no se puede hacer con anterioridad dado que tan pronto como sube, el soufflé baja, nuevas técnicas de cocina como los sifones y sus espumas se han ido abriendo camino. 
Pero aún así siempre es un placer tomarlo, y si lo haces en casa, quedarás como un cocinero de 10, además de que probablemente te des cuenta de que no es tan difícil como lo pintan...
¡Espero que os guste!


Ésta es mi aportación al reto:

De nuevo nos encontramos ante un desafío en la cocina, y ésta vez, con todas las letras.
El soufflé es una de las preparaciones más temidas de la cocina por su gran delicadeza, así que nos hemos armado de valor para temer nuestros miedos y traer aquí nuestras propias versiones.
Para verlas, sólo tenéis que visitar el Desafío en la cocina. Souffle. 





(1 ud)
INGREDIENTES:

- 15 g de mantequilla
- 12 g de harina
- 1 Huevo
- 93 ml de leche
- 31 g de queso emmental
- C/s de pan rallado
- Sal
- Nuez moscada



PREPARACIÓN:

Primeramente calentamos el horno a 180ºC
Para la preparación de mi soufflé me he decidido por usar queso tipo emmental.
Éste es un queso de origen suizo alpino, semejante al Gruyère, hecho con leche de vaca y con sus tan característicos agujeros.
Cortamos en pedacitos muy pequeños, para que sea más fácil su fundición.

Engrasamos con mantequilla el recipiente donde vayamos a hacer el souflé.
 Después espolvoreamos con pan rallado, que hará que el souflé no se pegue a las paredes del recipiente.

Separamos la clara de la yema del huevo.
Disponemos la clara en el robot con varilla de batir, junto con una pizca de sal, montamos a punto de nieve.

Mientras tanto, a temperatura media para que no se queme y humeé, derretimos la mantequilla.

Entonces agregamos  la harina, con ayuda de unas varillas de cocina, mezclamos y dejamos que la roux se vaya tostando.

Entonces agregamos la leche y hacemos una bechamel.

Batimos hasta que quede una una crema homogénea.

Entonces agregamos el queso previamente cortado.

Y con las varillas batimos hasta que la consistencia sea así: una salsa bechamel muy elástica por el queso fundido.

Entonces apartamos del fuego, dejamos templar un par de minutos y agregamos la yema de huevo que habíamos reservado.

Agregamos un poquito de cebollino picado.

Salpimentamos y añadimos nuez moscada al gusto.

A éstas aturas las claras deben tener éste aspecto.

Incorporamos las claras montadas sobre la masa de bechamel y queso.
Mezclamos con movimientos envolventes para evitar que las claras se bajen.

Entonces, volcamos la preparación en el recipiente engrasado.

Metemos en el horno, a altura media durante aproximadamente 20 minutos, hasta que el souflé se vea esponjoso y dorado.

Pasado el tiempo, sacamosdel horno.
Éste es el resultado final de nuestro souflé de queso. Como veis ha crecido sin problemas.

Decoramos con un poquito de cebollino picado.

Y así es como se ve por dentro, tan esponjoso, tan delicioso...
¡Qué aproveche!



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16 de abril de 2017

Rosquillas de anís fritas

Éstas rosquillas son unos de los dulces más emblemáticos de España, las encontrarás allí donde vayas.
Bien es cierto, que al menos en mi ciudad es una de las preparaciones que más se suelen ver en cualquier establecimiento hostelero, y es que en cualquier local, te la sirven para acompañar un buen café.
Y más en una época como la que estamos, por que además de las torrijas, las monas, el mantecado de Avilés, los buñuelos... Éstas rosquillas son muy típicas de éstas fechas.
Existen muchas variantes de la receta, la que tenía mi abuela, un tanto incierta en cuanto a cantidades, le daba mucha importancia a los aromas, y sobre todo al anís, que a mi me gusta en su justa medida. Yo he hecho la que conozco desde hace poco tiempo, pero que me gusta como quedan en cuanto al resultado. Con una corteza crujiente pero muy tiernas y aireadas por dentro.
Aunque la receta no sea herencia familiar, comer estas rosquillas fritas caseras es hacer algo más que una elaboración dulce, es volver al pasado a las cocinas de nuestros antepasados, es inundar la mente de incontables recuerdos.
¡Espero que os guste!






(50 uds aprox.)
INGREDIENTES:

- 250 g de harina de trigo
- 80 g de azúcar
- 1/2 Sobre de levadura
- 2 Huevos
- 30 ml de leche
- C/s de ralladura de limón
- C/s de ralladura de lima
- 25 ml de anís dulce
- 20 ml de aceite de girasol
- Aceite de girasol para freír
- Azúcar para rebozar



PREPARACIÓN:

Disponemos en el bol del robot de cocina el azúcar.

Sobre ella, ponemos la ralladura del limón y la lima, que previamente habremos lavado.

Es momento entonces de añadir el aceite de girasol.

Y tras éste, la leche que debe ser entera.

Añadimos el último elemento líquido: el anís.
Es lo que más sabor le aportará, asi que añadimos dependiendo de lo que nos guste. A mi no es un sabor que me agrade especialmente, así que para la cantidad de masa que vamos a hacer, con 25 ml es más que suficiente.

Añadimos los huevos.

Y comenzamos a batir en el robot de cocina con la varilla mezcladora para que todos los ingredientes se integren.

Cuando esté bien batido, agregamos la levadura.

Y después, poco a poco, vamos añadiendo la harina.

 Amasamos todo junto hasta conseguir una masa manejable.
Una vez tenga la consistencia que buscamos, dejamos reposar en un sitio sin corrientes, tapado con un paño limpio durante 1 hora como mínimo, cuanto más reposemos la masa, más esponjosas quedarán las rosquillas.

Entonces disponemos la masa en una superficie enharinada

Cogemos pequeñas porciones y con las palmas de la mano, frotándolas hacia delante y atrás extendemos nuestra masa dándole forma de churro.

Cortamos éste churro en varios pequeños, que nos den para darle la vuelta alrededor de nuestros dedos.
Es importante no hacer éstos agujeros con un trozo de masa muy pequeño, ya que inmediatamente después de soltarlo, la masa tiende a juntarse, y en la fritura, al crecer, no nos quedará un agujero, por lo que serán bolas en vez de rosquillas.

En cuanto las vayamos teniendo, freímos nuestras rosquillas en una sartén con aceite de girasol muy caliente.

Tras dos minutos de fritura por un lado, le damos la vuelta para que se hagan hacia el otro.

Y dejamos unos dos minutos también por este lado, hasta que tengan éste mismo color dorado.

Entonces, sacamos hacia un recipiente con papel absorbente que atrape la mayor cantidad de grasa posible.

Repetimos el proceso hasta acabar con toda la masa.

Como veis, tras la fritura las rosquillas crecen formando una costra crujiente y quedando muy ligeras y a la vez pastosas por dentro.

 Entonces, vamos pasando las rosquillas por azúcar.

Para que queden bien rebozadas.

En mi caso, al ser para regalo, metemos nuestras rosquillas en un recipiente hermético, en el que podrán permanecer  durante una semana sin que se note ningún cambio en ellas.

Éste es el resultado final de nuestras rosquillas de anís fritas.

Para merienda o como dulce de sobremesa... En cuanto te despistes no quedará ni una.



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© Andreíta come de todo

Diseñado por: Patricia Becerra -Las Cosas de mi Cocina-